El mindfulness y la meditación infantil están ganando popularidad como herramientas efectivas en la crianza moderna. Estas prácticas no solo ayudan a los niños a gestionar sus emociones, sino que también fomentan un desarrollo integral, mejorando su bienestar emocional, cognitivo y social, bien sea en las aulas o desde nuestro hogar.

El mindfulness, anglicismo que significa ‘atención plena’, enseña a los niños a centrar su atención, de manera intencionada y consciente, en el momento presente. Esto mejora su capacidad de concentración y atención, habilidades cruciales para el aprendizaje académico. Un estudio de la Universidad de Harvard encontró que los programas de mindfulness en escuelas pueden aumentar significativamente la capacidad de atención y el rendimiento académico de los estudiantes​ (University of Harvard)​. Este caso de estudio en alumnos de sexto grado en Educación Secundaria reveló que el mindfulness reduce el estrés y mejora la concentración y el manejo emocional. A estos jóvenes se les incorporó sesiones de meditación tres veces por semana durante un trimestre completo de curso académico. Los resultados, además de positivos fueron totalmente ilustradores, más de la mitad de la clase había elevado la media de sus calificaciones durante dicho periodo de tiempo con respecto al anterior.

En general, las técnicas de mindfulness ayudan a los niños y adolescentes a reconocer y regular sus emociones y reducir el estrés. Así también lo recoge la Asociación Española de Pediatría, que demostró que los programas de mindfulness pueden disminuir síntomas desagradables como la depresión o ansiedad, mejorar la concentración, la atención, la memoria de trabajo, lograr una mayor tranquilidad y relajación o desarrollar habilidades naturales de resolución de conflictos (AEPAP).

En un prisma más social, la práctica mindfulness promueve la empatía y mejora las habilidades de comunicación. Al aprender a ser más conscientes de sus propias emociones y las de los demás, los niños desarrollan una mayor capacidad para comprender y responder adecuadamente a las emociones ajenas. Además, dentro de las prácticas del mindfulness se incluyen las prácticas de consciencia corporal, tanto prácticas basadas en el “escaneo” corporal, como técnicas posturales y de movimiento consciente, que está muy ligado a lo que desde la psicología infantil llamamos el ‘sexto sentido’, la propiocepción, el sentido de nuestro propio cuerpo. Por tanto, las prácticas del mindfulness, en concreto, estas nombradas anteriormente, serían muy aconsejables tras el diagnóstico de trastornos como el TEA.

 

Beneficios de la Meditación Infantil

  • Desarrollo de la autorregulación: la meditación enseña a los niños a controlar sus impulsos y a manejar sus emociones en la práctica. Esto es particularmente útil para niños que tienen dificultades para controlar su comportamiento, con ataques de ira, o que experimentan emociones, incluso en niños que tienen trastornos de conducta como el trastorno negativista desafiante, trastorno límite de la personalidad o trastorno obsesivo compulsivo, entre otros.
  • Mejora del sueño: la meditación puede mejorar la calidad del sueño en los niños, ayudándoles a relajarse antes de acostarse. La práctica regular de la meditación antes de dormir puede conducir a un sueño más profundo y reparador, lo cual es esencial para el desarrollo y la salud general. Además de regular los trastornos del sueño, pesadillas o terrores nocturnos o parálisis del sueño.
  • Fortalecimiento de la resiliencia: la meditación fomenta la resiliencia, permitiendo a los niños enfrentar los desafíos y adversidades con una actitud positiva. La capacidad de recuperación emocional es crucial para su bienestar a largo plazo y su capacidad para manejar el estrés en la vida adulta.

Puesta en práctica desde casa

Algunos de los ejercicios básicos que se incluyen en la práctica del mindfulness y que podemos poner en marcha desde casa y en familia son: la respiración consciente, que nos enseña a concentrarnos en el momento presente a través de la respiración, inhalando y exhalando lentamente; otra práctica que funciona con resultados positivos sobre todo en niños, es la exploración sensorial. Aquí debemos preguntar a los menores que describan lo que sienten, que se focalicen en los músculos que tienen más tensos, que hagan el ejercicio de relajarlos. Puedes pedir que huelan, que identifiquen los olores o incluso sonidos que están a su alrededor. De esta manera también nos focalizaremos en el momento presente.

En definitiva, el mindfulness y la meditación infantil ofrecen numerosos beneficios que pueden transformar positivamente la crianza y el desarrollo de nuestros hijos e hijas. Al incorporar estas prácticas en la vida diaria, los padres pueden ayudar a sus hijos a desarrollar habilidades emocionales y cognitivas que les servirán toda la vida, tanto en el ámbito académico y profesional, como en lo personal y social.

 

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