Don Quijote de la Mancha debe su locura a la sumisión mental que le genera la lectura impulsiva de las novelas caballerescas. Desde esta perspectiva, donde la lectura lleva a la demencia, se ha derivado a la concepción actual y sostenida científicamente de que la lectura tiene importantes y contrastados beneficios físicos y emocionales entre aquellos que la practican. Los neurocientíficos consideran que la lectura es una de las actividades intelectuales más completas y más complejas. Y en su ejercicio constante se producen beneficios físicos en el cerebro. Comenzar a leer en la edad más temprana posible y continuar con esta actividad de manera regular a lo largo de la vida tiene efectos muy beneficiosos para la salud física y mental de nuestro cerebro.

Por ello, expertos en psicología infantil entienden que la lectura es uno de los ejercicios fundamentales que debemos potenciar. Incluso en las situaciones más complicadas, especialmente entre los menores que sufren Trastorno de Espectro Autista (TEA), acompañado o no de otras dificultades en el lenguaje. La neurociencia ha confirmado que con la lectura se activan áreas cerebrales en el hemisferio izquierdo, lo que supone una especie de gimnasia cerebral que lo fortalece y que, incluso, tiene la capacidad de generar más neuronas y prevenir el deterioro cognitivo vinculado a la edad.

Entre los más pequeños, debido a la plasticidad de su cerebro, los beneficios se multiplican. No sólo físicos y mentales, sino que están vinculados a un mejor control y dominio del lenguaje, mejora la autoestima, despierta la curiosidad, la imaginación e incita a la inteligencia emocional.

Pero, ¿qué ocurre cuando nuestros niños o niñas tienen problemas concretos de lenguaje? La lectura es uno de los grandes retos de aquellos niños que están diagnosticados como TEA y es la gran travesía para quienes presentan – con TEA o sin ella – dificultades vinculadas a Trastornos Específicos del Lenguaje (TEL), como puede ser la dislexia u otros.

El medio y el fin

Dominar la lectura es, al mismo tiempo, un medio y un fin. Sin duda porque para el menor dominar al máximo de sus potencialidades la lectura y su comprensión les va a facilitar su integración social, emocional, académica y laboral. Pero, al mismo tiempo, trabajar sobre textos escritos es básico para aprender y disponer de recursos para reducir sus dificultades, en este caso, la lectura como herramienta y camino de mejora en su vida cotidiana.

De partida y, en cualquier caso, los expertos en logopedia, neuropsiquiatras y psicólogos recomiendan la lectura compartida. Un ejercicio de introspección individual que, al mismo tiempo y sin que sea una contradicción, se comparte en general con el padre o la madre. Leer juntos, sin que sea una obligación, es soñar al unísono, compartir historias y vivirlas con alguna de las personas con mayor vinculación emocional. En este caso, y como primer hito, oír como leen otros es la puerta para lograr leer por sí solo, aunque cuando la naturaleza nos imponga dificultades extra.

A partir de ahí, y aunque las pautas las deben indicar expertas en la materia, profesionales en logopedia, psicólogas y el personal sanitario que haga el seguimiento del menor, se establecen ejercicios desde los más básicos hasta llegar a las lecturas más complejas.

La concentración, la capacidad de descifrar el sentido de oraciones sencillas, entender los giros del léxico, el vocabulario, interiorizar pensamientos abstractos, etc. desde el control de las sílabas, las palabras y los mensajes más rudimentarios del lenguaje son las tareas que se deben pautar. Está comprobado que existen avances en todos los casos, a ritmos diferentes, por lo tanto, la constancia y la disciplina es fundamental para ofrecerle al menor la garantía de que mejorará en el control de la lectura.

La investigación de la Universidad de La Laguna, obra de los investigadores Víctor Acosta, Gustavo Ramírez, Nayarit del Valle y Laura de Castro, “Intervención en procesos lectores en alumnado con Trastorno Específico del Lenguaje (TEL)”, confirma en sus conclusiones que “un programa combinado de lenguaje oral y lectura mejora el rendimiento lector del alumnado con TEL”. Este resultado se extrae de “una prueba sobre un grupo de niños y niñas donde se les realizó durante 144 sesiones de 40 minutos una combinación de actividades del lenguaje oral con otras destinadas a la automatización de procesos lectores básicos y lectura de frases y textos”.

La lectura se convierte en la doble puerta que, si bien de partida es un problema más para determinados niños y niñas, es también una oportunidad de crecimiento personal a todos los niveles cuando se programa de manera adecuada, se fomenta una transición paulatina, se visualiza por todas las partes como parte de ocio, no como obligación, y cuando se descubre que con pequeños pasos se logra llegar muy lejos. Tanto como plantee la historia de cualquiera de los cuentos que caigan en sus manos.

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