El 30 de marzo se conmemora el Día Mundial del Trastorno Bipolar.
La fecha coincide con el nacimiento de Vincent van Gogh, una de las figuras más influyentes del arte universal.
A lo largo de los años, numerosos historiadores y especialistas han señalado que el pintor pudo haber presentado síntomas compatibles con un trastorno del estado de ánimo, entre ellos episodios de profunda depresión y periodos de intensa activación emocional.
Es importante subrayar que los diagnósticos retrospectivos nunca pueden confirmarse con certeza. Sin embargo, su biografía —marcada por cambios emocionales intensos, hospitalizaciones y sufrimiento psicológico— ha convertido su figura en un símbolo de la relación entre creatividad y salud mental. Por este motivo, se eligió su fecha de nacimiento como una manera de visibilizar el trastorno bipolar y, sobre todo, de reducir el estigma que todavía lo rodea.
Más allá de la curiosidad histórica, esta jornada cumple una función esencial. Aclarar una confusión muy extendida. El trastorno bipolar no es “tener cambios de humor”. No es una característica de personalidad ni una forma exagerada de ser sensible. Es un trastorno del estado de ánimo que puede afectar de manera significativa al funcionamiento personal, social y laboral, y que requiere comprensión, tratamiento y acompañamiento profesional.
Son episodios que afectan al funcionamiento
Todos atravesamos días buenos y días difíciles. Sin embargo, en el trastorno bipolar la diferencia radica en la aparición de episodios clínicos que pueden durar días o semanas y que modifican de forma marcada la energía, el pensamiento, el comportamiento y la capacidad para desenvolverse en la vida diaria.
Estos episodios pueden ser de manía o hipomanía (estado de ánimo elevado o irritable) y/o de depresión (estado de ánimo bajo y pérdida de interés). No todas las personas experimentan los mismos síntomas ni con la misma intensidad, y el curso puede variar de un caso a otro.
La Organización Mundial de la Salud recuerda que, aunque los síntomas pueden reaparecer, la recuperación es posible y existen tratamientos eficaces, que suelen combinar medicación con intervenciones psicológicas y psicosociales.
Existe la idea de que la manía es simplemente una felicidad extrema. Sin embargo, puede manifestarse también como irritabilidad intensa, aumento desproporcionado de energía o sensación de estar constantemente activado. Entre las señales que pueden aparecer se encuentran:
- Aumento marcado de energía o actividad.
- Disminución significativa de la necesidad de dormir sin sensación de cansancio.
- Pensamiento acelerado y verborrea.
- Impulsividad o toma de decisiones arriesgadas.
- Sensación exagerada de confianza o grandiosidad.
La hipomanía es una forma menos intensa que la manía, pero también puede generar consecuencias personales, laborales o relacionales, y requiere atención clínica.
La fase depresiva: cuando no es solo tristeza
Durante los episodios depresivos pueden aparecer tristeza persistente, apatía, fatiga, desesperanza o pérdida de interés por actividades que antes resultaban gratificantes.
La clave no es un mal día aislado, sino la duración y el impacto funcional. Cuando el estado de ánimo bajo se mantiene y afecta de manera significativa a la vida cotidiana, estamos ante algo más que un estado pasajero.
¿Cuándo es importante pedir ayuda?
Es recomendable consultar con un profesional de salud mental cuando:
- Existen periodos prolongados de ánimo elevado, irritable o muy bajo que afectan claramente al funcionamiento.
- Se produce una disminución marcada del sueño acompañada de alta activación.
- Aparecen conductas impulsivas de riesgo.
- Surgen pensamientos de autolesión o suicidio, en cuyo caso es imprescindible acudir de manera urgente a los servicios sanitarios.
Una mirada necesaria
El trastorno bipolar no es un rasgo de carácter ni una etiqueta para explicar altibajos emocionales. Es una condición de salud mental que puede tener un impacto significativo, pero que cuenta con tratamientos eficaces y estrategias de manejo.
Hablar con rigor, reducir el estigma y facilitar el acceso a apoyo profesional temprano marca una diferencia real. La información clara y el acompañamiento adecuado no solo mejoran la calidad de vida, sino que también favorecen una convivencia más comprensiva y respetuosa.

