Desde el departamento de psicología infantil del Instituto Alcaraz, especializado en los casos de autismo, oímos a padres y madres sobre la capacidad de atención de sus niños y niñas con diagnóstico TDAH y de la catalogada “falta de atención”.
Es necesario que hagamos un ejercicio de comprensión y entendamos que no es un déficit en su atención, sino su carácter irregular. Es decir, los menores pueden ir desde buscar el estímulo constante hasta quedarse hiperconcentrados en una sola cosa o tarea. Es lo que definimos como hiperfoco en su relación con menores TDAH.
El hiperfoco es un estado en el que la mente se “engancha” a una actividad de manera muy intensa, y durante ese rato, puede parecer que el niño esté súper concentrado. Una vez el menor se ha metido de lleno, pierde la noción del tiempo y le cuesta cambiar de tarea, aunque se lo pidan. Para ellos, cambiar de foco les es muy difícil. Y ahí aparece una idea clave dentro de los compartamientos típicos de menores con autismo, porque el problema no suele ser “prestar atención”, sino dirigirla y cambiarla cuando toca.
Esto se puede interpretar desde dos perspectivas. La cara buena: el hiperfoco puede llegar a ser una fuente de aprendizaje y disfrute cuando se da en algo constructivo, incluso apoyar el aprendizaje infantil si se canaliza bien. La menos amable: puede venir acompañada de esos efectos secundarios típicos, como saltarse señales básicas del cuerpo (hambre, sed, ir al baño), incluso irritarse afectando a la regulación emocional si se les interrumpe.
El colegio, hiperfoco y explosión de emociones
En el colegio, el propio niño no decide el ritmo del trabajo, debe adaptarse a él y eso implica cambios constantes, tanto de tareas, como de profesores, de asignaturas, actividades… haciendo que el estado de hiperfoco pueda llegar a chocar con estas dinámicas. A veces se puede observar con facilidad esta dinámica, cuando un alumno se queda pegado a una tarea y es incapaz de pasar a otra, o como acaba por frustrarse mucho cuando le interrumpen. Otras veces puede ocurrir algo un poco más invisible, como que el niño puede hiperfocalizarse en hacerlo perfecto, en no molestar o en aguantar, sosteniendo un autocontrol enorme durante horas. Esto hace que desde fuera pueda parecer tranquilo y aplicado, pero por dentro puede haber estado gastando muchísima energía, que terminará repercutiendo.
Las expertas en psicología infantil describen el patrón del cual muchas familias se dan cuenta de manera sorpresiva: “En clase va genial, pero en casa explota”. Y esto no es un síntoma de mala conducta, sino de una descarga intensa tras un día de esfuerzo mental y de transiciones forzadas. El colegio es un entorno que se presta a una exigencia constante para mantenerse flexible ante cualquier cambio, y si esa flexibilidad cuesta gestionar, entonces puede aparecer al final del día en forma de explosión de emociones.
El hecho no reside en que el niño no quiera parar, es que simplemente se queda enganchado a esa tarea y necesita terminarla para poder pasar a otra, aunque toque cambiar de actividad. Y por eso, cuando le cortan en seco, pueden aparecer emociones como el enfado o el bloqueo, puesto que el cerebro tarda más en “salir” de ese túnel de atención y la interrupción se vive como un verdadero choque.
Las transiciones son el punto más crítico para las personas déficit de atención e hiperactividad, cambiar de actividad, recoger, pasar de una clase a otra… sin un previo aviso o un cierre puede llegar a convertirse en todo un reto, repercutiendo también en la regulación, haciendo que caiga más rápido, algo que en psicología infantil se trabaja mucho con herramientas prácticas como las utilizadas en www.institutoalcaraz.com.
Es por eso que al llegar a casa suele notarse este bajón del que hablamos, y el cual deja salir por sí mismo emociones como la irritabilidad, el cansancio o la desconexión, y señales físicas del cuerpo que de repente aparecen como el hambre, el malestar o las ganas de tumbarse.
Y así se entiende este contraste típico, donde juegan papeles como el aguante constante en el colegio, donde todo parece perfecto, pero una vez ha llegado a casa se desborda por cosas pequeñas porque es el primer lugar donde puede soltar toda esta tensión del día.
Pautas en el colegio: cómo ayudar sin señalar
Las expertas del Instituto Alcaraz tienen sistematizada una serie de pautas para hacer frente a estas circunstancias, especialmente en el ámbito escolar, y ayudar así a docentes y familiares.
Los menores con TDAH necesitan pautas y rutinas regladas y anticipadas. Es importante anticipar el cambio de tarea con avisos breves con frases como “en 2 minutos cambiamos” o “primero vamos a hacer esto y después pasaremos con esto otro”. Expresiones que ayudan a salir del túnel. Además, hay que generar cortes suaves, no cortes bruscos.
En vez de “ya se acabó”, funcionan mejor dinámicas como “termina esta línea/este ejercicio y paramos”, una manera amable de ayudarle a poner fin y cierre de una actividad concreta. En cualquier caso, es mejor que el docente planifique con ellos las tareas más largas. En estos casos es mejor dividirla por pasos y marcar los siguientes, de esta manera se reduce el bloqueo y se mejora la dirección de la atención, favoreciendo la autorregulación en el aula. En todos los casos, hay que establecer con ellos micropausas de regulación, que le ayudan a bajar la carga y mejoran la vuelta a la tarea, apoyando al neurodesarrollo.
Otra de las pautas esenciales es la llegada a casa, donde hay que garantizarle un ‘aterrizaje suave’. Si hay explosión al llegar a casa, lo primero es asumir que quizás en ese momento el niño está necesitando esa descompresión, por lo que lo mejor es no hacer preguntas ni tareas inmediatas, sino, dejar que salga toda la energía para permitirle volver a la normalidad. Las rutinas simples suelen ayudarles como una merienda o un espacio de ocio libre, sin demandas.
Sin duda, la gestión de estas circunstancias es más fácil de abordar con asesoramiento profesional especializado como ofrece Instituto Alcaraz en psicología infantil.

