Las nuevas tecnologías se han instalado en nuestras vidas para quedarse, y en muchas ocasiones convivir con ellas se nos puede hacer cuesta arriba, por mucho que solo veamos las ventajas.
Tablets, móviles, videojuegos y redes sociales forman parte del día a día, no solo de los adultos, sino también de los más pequeños casi desde que nacen. Pero… ¿sabemos realmente cómo influyen en su desarrollo físico, emocional y social?
Lejos de demonizarlas, el reto actual no es prohibir la tecnología, sino enseñar a convivir con ella de forma sana y equilibrada, y para ello es imprescindible que primero los adultos aprendamos.
Las nuevas generaciones de niños son llamados nativos digitales: aprenden, se divierten y se relacionan en entornos donde las pantallas están siempre presentes. Según diversos estudios, muchos comienzan a usar dispositivos electrónicos desde los dos o tres años, viendo vídeos o jugando con aplicaciones infantiles. En España, la edad media actual en la que los niños suelen tener su primer móvil ronda los 10 años, y a los 12 ya lo posee más del 70% de los niños, y aunque esto a priori pueda parecer el problema, no es tanto la edad sino en el tiempo y el modo de uso de los dispositivos.
En términos de desventajas, una de las principales y más obvia es el sedentarismo. Hace no tanto que los niños se pasaban las tardes corriendo en el parque y jugando con amigos, todo lo contrario, a hoy en día, cuya gran parte de ocio se desarrolla frente a las pantallas. El resultado de este modo de vida se ve reflejado en la salud de los niños: menos gasto energético, más sobrepeso y mayor riesgo de problemas cardiovasculares o respiratorios en el futuro, además de la posibilidad desarrollar aislamiento y problemas sociales. La mayoría de estudios coinciden en que el abuso de pantallas reduce las interacciones cara a cara y favorece el aislamiento y la timidez, siendo concretamente las redes sociales uno de los terrenos más complicados.
Es cierto que estas plataformas ofrecen oportunidades de comunicación, creatividad y aprendizaje si se usan de forma acompañada y responsable, pero también acarrean riesgos desde la búsqueda de constante aprobación hasta el ciberacoso.
En otros términos, no todo en el entorno digital es perjudicial, como ya hemos mencionado. Cuando se utilizan con criterio y en compañía de un adulto, las pantallas pueden ser herramientas valiosas para el desarrollo infantil, ya que existen algunas plataformas educativas como Khan Academy Kids, que se trata de una app gratuita que ofrece actividades interactivas, libros, canciones y juegos para desarrollas habilidades, tanto en los diferentes ámbitos educativos, como socioemocionales. Por otro lado, también se recomienda el uso de apps creativas como Toca Boca o Thinkrolls, que estimulan la imaginación y la resolución de problemas.
En definitiva, las nuevas tecnologías no son enemigas, pero deben integrarse de forma equilibrada en la vida infantil. Los expertos coinciden en que la clave está en establecer horarios claros (no más de una hora al día en edad escolar y evitando las pantallas antes de dormir), dar ejemplo como adultos, recuperar el valor del juego tradicional y elegir contenidos educativos adecuados a cada edad. También es fundamental acompañar y conversar con los niños sobre lo que ven, con quién interactúan y cómo se sienten, además de educarles en ciudadanía digital, enseñándoles a usar internet con criterio y responsabilidad. Las pantallas no van a desaparecer, pero sí podemos enseñarles a dominarlas en lugar de que sean ellas quienes los dominen.
El equilibrio entre tecnología y vida real no se logra con prohibiciones, sino con presencia, ejemplo y educación; porque, al final, el mayor aprendizaje que podemos ofrecerles no está en una app, sino en la experiencia de vivir, jugar y compartir juntos.

