Los Trastornos de Conducta Alimenticia (TCA) son cuestiones que existen en la literatura médica, sanitaria y psicológica desde hace años, desde mucho antes de la existencia y del uso masivo de las redes sociales entre los jóvenes. Sin embargo, la comunidad científica tiene acreditado que las redes sociales, en concreto alguna de ellas, tiene un efecto multiplicador del riesgo de generar episodios de Anorexia Nerviosa (AN), Bulimia Nerviosa (BN) u otros Trastornos de la Conducta Alimentaria No Especificados (TCANE). La Revista Española de Comunicación en Salud ya acumula estudios y trabajos diferentes sobre este tema, uno de ellos que se remonta a 2020 ya acredita la influencia negativa de las redes sociales como Instagram en el impacto – especialmente entre la población más joven – sobre comportamientos alimentarios anómalos y perniciosos.
David García Puertas (Universidad de Almería) publica “La Influencia del uso de Instagram sobre la conducta alimentaria y trastornos emocionales”, donde concluye que hay una relación directa entre un mayor tiempo de exposiciones a determinadas redes sociales implica un mayor riesgo de trastorno alimenticio y, de manera paralela, unos mayores índices de baja autoestima, ansiedad y depresión. Estas aseveraciones también son aplicables a otras redes más actuales, como Tik-Tok.
Son muchos los expertos que hablan de la tiranía de las redes sociales, convertidas en la principal fuente de consulta sobre alimentación y salud, en muchos casos incitadoras de actitudes extremas. Comportamientos en materia de alimentación que lleva a generar anorexia o bulimia, pero también nuevos trastornos vinculados a excesos como la ortorexia, una obsesión por los denominados alimentos y comida sana.
Esto se genera por la falacia que impone las redes sociales y determinados influencers, que vinculan de manera automática el binomio dieta más ejercicio, igual a control del cuerpo, de la figura y del peso que, como consecuencia, genera de manera automática felicidad. Esta falaz combinación, en manos de los más jóvenes que carecen de herramientas de cribado para determinar que son redes sociales y virtualidad y qué es la realidad causa muchos trastornos psicológicos, efectos en la autoestima y desconfianza en el cuerpo de cada joven, que desconocen cada organismo se comporta de manera diferente por múltiples causas.
En este sentido, la Asociación Contra la Anorexia y la Bulimia (ACAB) de Cataluña recomienda establecer un cierto control de las páginas y perfiles que nuestros menores consultan o visionan en las redes sociales. ACAB considera que hay determinados contenidos que hacen apología de la anorexia y la bulimia, unos de manera directa y otros de manera indirecta. El control y los límites a estas páginas es importante en las tareas de prevención.
Los expertos recomiendan a las familias un trabajo previo y continuado a lo largo de la vida del menor sobre las distintas realidades físicas que cada una de las personas tienen, y de valorar no sólo el cliché comercial que impone la moda, sino el valor ‘salud’ frente al concepto más trivial de la imagen. Los comportamientos en casa siempre son los mejores ejemplos. De hecho, una de las recomendaciones más sencillas es comer de manera saludable y, sobre todo, comer en grupo, en familia. La comida nunca puede ser un premio o un castigo, y debe entenderse como un punto de encuentro, lejos de los teléfonos y de las tecnologías.
En el seno familiar, el exceso de exigencia a nivel elevados puede generar problemas a futuro del menor. Niveles de perfección extremos puede llevar a conductas extrema al menor, en busca de la aceptación por parte de su entorno. Una situación que se genera cuando se parte de un principio de no aceptación personal, y de entender que su físico como su personalidad tampoco es aceptado en el entorno social.
En familia, hablar de estas cuestiones, poner en valor los principios de salud frente al de imagen y acometer abiertamente qué es y qué efectos negativos tiene en nuestros cuerpos también es un buen freno a posibles casos de TCA. La idea es muy clara, todos somos más que un cuerpo.

