Hay una coincidencia científica que separa muy bien estos dos trastornos, el de espectro autista (TEA) con el obsesivo compulsivo (TOC), que clínicamente están muy bien diferenciados, responde a circunstancias diferentes, se plantean y se manifiestan de modo distinto y tienen, en consecuencia, una atención diferente.

Pero es cierto que una y otra puede superponerse y que la incidencia del TOC en pacientes autistas es común, sobre todo en Grado 1, según nuestra experiencia. Entender estos dos conceptos, saber diferenciarlos y asumir que puede solaparse, nos permitirá entender y empatizar aún más con las personas con un diagnóstico en este sentido.

 

El TOC tiene que ver con aquella respuesta repetida que muchas personas ofrecen con respecto a comportamientos humanos, bien sean pensamientos, imágenes, acciones o impulsos recurrentes e intrusivos que generan ansiedad y compulsiones que les anima a repetir una y otra vez un gesto o comportamiento.  Puede ser tener que lavarse las manos de manera repetida, hacer sin fin una rutina doméstica de una manera concreta, o comprobar alguna de las acciones cotidianas de forma infinita.

En el caso de los diagnosticados con TEA, estos pacientes manifiestan una clara deficiencia en la comunicación e interacción social y una repetición de ciertos patrones de comportamiento. Son personas que focalizan su atención en cosas muy concretas, repiten determinados movimientos físicos y asumen rutinas muy intensas, sin objetivo o motivación definida.

Siendo trastornos diferentes, lo cierto es que hay una prelación a que personas con TEA también cumplan con determinados parámetros que permitan un diagnóstico TOC, aunque la complejidad clínica consiste en su diferenciación y en la determinación de cuando comienza una y termina la otra. Lo que nos dice la literatura científica es que hay una mayor prevalencia del TOC entre pacientes con TEA.  A modo de ejemplo, los menores TEA necesitan cierto orden en su cotidianeidad, por ejemplo, en sus juguetes. La ruptura de este orden establecido, o el miedo que se trunque, es cuando se convierte en la obsesión de mantenerlo siempre en ese estado. Y cuando la posibilidad de que se rompa este orden determinado le genera nuevas angustias o temores, generando un ritual de comprobación sistemático.

En estos casos, como ha comprobado la experiencia clínica, abordar y tratar de regular el TEA es muy efectivo para reducir la obsesión y limitar la angustia o ansiedad que pueda generar en el paciente. Entendiendo que una circunstancia es la que motiva o sugiera a futura la segunda. Cuando una persona diagnostica como TEA es capaz de verbalizar su angustia o temor es cuando más predispuesto está a superar o limitar la ansiedad o el pozo de emociones que unas circunstancias concretas les generan. Las terapias cognitivas-conductuales son esenciales en ambos casos, como herramientas para la gestión entre los pacientes que sufren de severos grados de estrés.

En conclusión, la relación entre el TOC y el TEA es un campo complejo que desafía las fronteras tradicionales de los diagnósticos. La investigación clínica está arrojando luz sobre esta combinación, subrayando la necesidad de un enfoque diagnóstico y terapéutico que incluya todos los aspectos, que sea integral y que trate ambas cuestiones en sus fronteras como en sus diferencias. Comprender las diferencias y los solapamientos es crucial para ofrecer la mejor atención posible a quienes viven y conviven con estas condiciones, mejorando su calidad de vida y su bienestar.

 

 

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies