Con la llegada del verano, desaparecen los horarios fijos, se flexibilizan las normas y los días se vuelven imprevisibles. Lo que para los adultos puede ser un respiro, para muchos niños supone una pérdida de referencia.

De pronto, todo cambia, duermen a deshoras, comen sin horarios tan fijos, pasan más tiempo con pantallas o sin actividades estructuradas… y su comportamiento lo refleja. Hay más enfados, más exigencias, menos tolerancia a la frustración. No es que ‘se porten mal’ sin motivo, están desajustados.

 

Rutina = seguridad

Las rutinas actúan como anclas en la vida de los niños, ofreciéndoles un marco predecible que les ayuda a entender el mundo que les rodea. Saber qué esperar en cada momento del día les proporciona una sensación de control y estabilidad emocional. Las rutinas además de fomenta la autonomía, también reducen la ansiedad al minimizar la incertidumbre.

Durante el verano, la desaparición de estas estructuras puede generar en los niños sentimientos de inseguridad y desorientación. La falta de horarios establecidos y actividades predecibles puede hacer que se sientan perdidos, lo que se manifiesta en cambios de comportamiento y emociones intensas o la aparición del aburrimiento.

 

Señales de que la falta de rutina está afectando a tu hijo

Es común que los niños no expresen verbalmente su malestar, pero su comportamiento puede ser un reflejo claro de cómo se sienten. Algunas señales de que la ausencia de rutina les está afectando incluyen:

  • Irritabilidad y cambios de humor frecuentes: pueden mostrarse más sensibles o reaccionar de forma exagerada ante situaciones cotidianas.
  • Dificultades para dormir: problemas para conciliar el sueño o despertares nocturnos.
  • Alteraciones en la alimentación: falta de apetito o comer en exceso.
  • Regresión en comportamientos: volver a conductas que ya habían superado, como mojar la cama o necesitar objetos de apego constantemente.
  • Aumento de la dependencia: buscar constantemente la atención y compañía de los adultos.

 

Estrategias para establecer y mantener rutinas durante el verano

  • Mantener horarios regulares de sueño: el descanso adecuado es fundamental para el bienestar infantil. Establecer horarios consistentes para acostarse y despertarse ayuda a regular el reloj biológico de los niños.
  • Planificar el día con actividades variadas: organizar el día con una combinación de actividades estructuradas y tiempo libre permite a los niños anticipar lo que viene, reduciendo la ansiedad.
  • Mantener hábitos de alimentación saludables: establecer horarios regulares para las comidas y ofrecer una dieta equilibrada contribuye al bienestar físico y emocional de los niños.
  • Incorporar actividad física diaria: el ejercicio regular ayuda a liberar energía acumulada y mejora el estado de ánimo. Aprovechad para ir a la piscina o playa si tenéis oportunidad, en el agua se practica deporte mientras se divierten.
  • Fomentar el tiempo de lectura: establecer un momento diario para la lectura estimula la imaginación y el desarrollo del lenguaje.
  • Balancear el tiempo de pantalla: si bien el uso de dispositivos electrónicos puede ser parte del entretenimiento veraniego, es importante establecer límites claros.

Tener días más relajados no significa dejar todo al azar. Un poco de estructura puede marcar la diferencia en el estado de ánimo y el comportamiento de los niños. El objetivo no es controlar cada momento, sino ofrecerles un entorno estable que les ayude a sentirse bien.

 

 

 

 

 

 

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