La gestión de las reuniones sociales vinculadas a una mesa y los trastornos alimenticios de los menores en las fiestas navideñas es todo un reto.
Difícil, sí; imposible, para nada. Se trata de tener claras las pautas, identificados los riesgos y conocer a nuestro niño o niña.
Alimentación, trastornos y Navidad crea una corriente de alto voltaje que requiere de toda la colaboración familiar y de nuestro entorno más próximo, pero si conocemos el camino, es posible lograr una velada amena, divertida y alejada de todo tipo de crisis o sentimiento negativo. Podemos lograr no solo superar este momento, sino disfrutarlo con la familia y los amigos.
Un paso previo clave: conviene consultar con el profesional que acompaña al menor para valorar en qué momento del proceso de intervención se encuentra, si está preparado para esa exposición social y qué recomendaciones específicas propone. Este ajuste individual marcará la diferencia entre una experiencia asumible y una situación desbordante.
Sabemos de antemano que las comidas en estos días son el escenario y la excusa para los muchos encuentros familiares y de amigos. Pasamos más tiempo en la mesa, con más comida, y donde todo el mundo come por encima de su dieta o hábito cotidiano. Esto que para muchos afecta a la línea y al peso, sin más, para muchos niños y niñas es un abismo. Hablamos de aquellos que presentan un diagnóstico de anorexia nerviosa, bulimia nerviosa, trastorno por atracón o, simplemente, nuestros menores con problemas de diabetes, obesidad, intolerancias o alergias. Cada caso requiere una respuesta, pero hay líneas básicas para hacer frente al momento de la mesa.
Debemos tener en cuenta que la cercanía al momento de la comida ya es suficiente para generar entre los menores una intensa sensación de ansiedad, tensión y agobio, sea cual sea su diagnóstico. En muchos casos, se multiplican estos sentimientos negativos con la sensación de culpa y de soledad. Ahí es donde el papel de la familia es fundamental. La parte preparatoria es esencial. No hay nada peor que sentirse observado, interpelado y recibir comentarios de manera continua sobre cuánto comes, qué comes o cómo comes. O lo que es peor, calificaciones al físico de ellos, recriminaciones o juicios de valor que nadie les ha pedido. Las apostillas y referencias de terceros rompen el clima de normalidad, introducen más tensión y, por lo tanto, dificultan vivir este momento con la tranquilidad necesaria y el disfrute de todo, especialmente de nuestros niños o niñas diagnosticados.
Para evitar estos cismas, todos los invitados deben saber las normas básicas a la hora de sentarse a la mesa e interactuar, sea porque el menor sufre bulimia como por anorexia: colaborar para tener un ambiente relajado, evitar los discursos, bromas o comentarios y no focalizar en el niño o niña la atención inquisitorial.
Previamente a la cita, es mejor aislarlo del periodo de preparación de la comida, lo que reduce el tiempo de presencia ante ella y la sensación de estar sometido en exceso a esa presión. Una vez en la mesa, no hay que imponer ni obligar a comer. Lo mejor es establecer con el menor unas pautas acordadas: qué comer, qué cantidad, de qué alimentos en concreto, etc. El apoyo mutuo y el pacto preestablecido evitan discusiones, conflictos y tensión sobrevenida. Y le permite saber con antelación cuál es su cometido y hasta dónde debe esforzarse. Con ellos, planificar el menú es siempre un buen principio para disfrutar, más que de la comida, del momento de la comida, y tanto vale para los casos que hay que fijarlos por exceso como por defecto.
En los casos de intolerancias, alergias o situaciones de riesgo vinculadas al sobrepeso u obesidad, es recomendable disponer de alternativas concretas, que sean de su gusto y que suponga un premio o reconocimiento. En la actualidad, la oferta de dulces, postres u otro tipo de alimentos adaptados a todas las necesidades es más amplia.
En la cultura mediterránea, especialmente en este tipo de festividades y fechas tan señaladas, la vida social gira en torno a la comida y una buena mesa. El concepto de ‘buena mesa’ tradicionalmente está vinculado a la abundancia. Nosotros lo debemos conectar con la compañía, la alegría de estar juntos y la colaboración fruto del amor de superar adversidades. Este también puede ser un camino para ir superando estos trastornos de anorexia o bulimia, y mejorar su calidad de vida.

