La vuelta al cole siempre ha sido un momento de emociones encontradas, ilusión por reencontrarse con los compañeros, nervios por lo nuevo, y en muchos casos, cierta pereza por abandonar la comodidad de las vacaciones. Sin embargo, hay algo que a menudo sorprende a las familias, a medida que los niños crecen, esta transición no solo no se vuelve más fácil, sino que puede volverse más difícil.

 

Lo cierto es que, aunque tengan más experiencia, los adolescentes enfrentan retos diferentes y, a menudo, más complejos que los de etapas anteriores. 

 

 

La presión académica aumenta, las relaciones sociales se complican, la autoexigencia crece y, además, se añade una montaña rusa emocional propia de la etapa.

 

Señales de que la vuelta al cole está afectando más de lo esperado

 

No todos los adolescentes manifiestan su malestar de forma clara. A menudo, los cambios emocionales se camuflan tras respuestas cortantes, cansancio o aislamiento. Por eso es importante prestar atención a ciertas señales que pueden indicar que la vuelta al cole está generando un impacto emocional más profundo del que parece:

  • Alteraciones del sueño: dificultad para dormirse, despertares frecuentes o necesidad de dormir mucho más de lo habitual.
  • Quejas físicas sin causa médica aparente: dolor de cabeza, de estómago o fatiga constante, especialmente los días previos o justo antes de ir al instituto.
  • Irritabilidad o reacciones desproporcionadas: estallan con facilidad o se muestran más sensibles y susceptibles.
  • Cambios en el apetito: pérdida del hambre o, por el contrario, comer de forma compulsiva.
  • Desmotivación o apatía: frases como “no me apetece nada”, “me va a ir fatal” o “no sirvo para esto” son una alerta de que no es simplemente “vagancia”.

 

¿Cómo ayudar desde casa?

 

Acompañar a un adolescente en la vuelta al cole no significa resolver todos sus problemas, pero sí crear un entorno que le dé seguridad, comprensión y estructura.

  • Recupera las rutinas con antelación: unos días antes del inicio de curso, es recomendable ir ajustando horarios de sueño, comidas y uso de pantallas para que el cuerpo y la mente se vayan readaptando de forma gradual.
  • Valida sus emociones: en lugar de restar importancia con frases como “no es para tanto” o “tienes que espabilarte”, es mejor acoger lo que sienten. Un simple “entiendo que estés agobiado” ya les hace sentir acompañados.
  • Escucha sin interrogar: muchas veces necesitan hablar sin que les demos soluciones. Escuchar sin juzgar ni intentar corregirlo todo es más útil que cualquier consejo no pedido.
  • Hablad también de lo positivo: preguntar qué esperan del curso, si hay alguna asignatura que les motive, si tienen ganas de ver a alguien… Ayuda a equilibrar el foco emocional.
  • Evita comparaciones: cada adolescente vive el cambio a su manera. Frases como “a tu hermano no le costaba” o “yo a tu edad ya estaba trabajando” generan más distancia que empatía.

La resistencia a la vuelta al cole en la adolescencia no siempre tiene una solución inmediata ni sencilla. A veces, simplemente hay que aceptar que esta etapa viene con más incertidumbre, más exigencias y menos certezas, tanto para ellos como para quienes les acompañan. No se trata de dramatizar ni de buscar culpables, sino de entender que este malestar tiene sentido, forma parte del proceso y merece ser tenido en cuenta.

 

Detectarlo y actuar con calma puede marcar la diferencia entre un comienzo de curso difícil… y uno mucho más llevadero.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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