¿Qué significa ser madre hoy? ¿Cuál es la carga de la maternidad en las sociedades modernas del siglo XXI? ¿Qué retos tiene el cuidado y la crianza?

Y, sobre todo, quién cuida de las mamás de hoy.

 

Cualquiera puede preguntarse por qué nadie debe cuidar de las mamás, como si ellas no fueran autosuficientes. No tenemos dudas de que así es, y que debemos escapar de todo paternalismo y de las figuras proteccionistas.

Pero también debemos abordar la hiperexigencia de ser mamá hoy en día. Una responsabilidad que se suma al resto de obligaciones que la sociedad actual impone a las personas. Esto nos lleva a plantearnos la necesidad individual, pero también social, de fomentar el autocuidado de las mamás. Que fundamentalmente significa romper con el estereotipo de mujer-madre abnegada y sacrificada que antepone el interés de sus hijos a todas las facetas de ella misma.

Las sociedades actuales exigen a las madres que sean multifacéticas. Sus tareas profesionales, la carga de tareas domésticas, la responsabilidad – aunque sea autoimpuesta de llegar a la perfección en la conciliación laboral y maternidad hace que se genere momentos y situaciones de ansiedad, culpa, complejos y estrés, que puede derivar en un deterioro de la salud mental de las madres como consecuencia de la imposibilidad de alcanzar la perfección.

Ser madre es una cuestión de prioridades. Donde el bienestar propio y del menor deben ser el objetivo fundamental. Y donde la salud materna es esencial para garantizar una participación positiva en la crianza, mucho más allá de los cuidados esenciales de alimentación e higiene. Nosotras tenemos la obligación de cuidarnos como madres como paso esencial para cuidar de ellos como hijos o hijas y exigir que la maternidad no debe ser una responsabilidad en soledad o solitaria, sino compartida.

Eso nos exige someter a un segundo plano, cuando no rechazarlo al completo, las imposiciones de modelos sociales artificiales, la presión social que imponen las redes sociales y los arquetipos ficticios, o la presión de perfección en cuanto al aspecto físico personal de las madres, la carrera profesional, la exigencia del hogar, más las tareas de cuidado de nuestros hijos o hijas. Si no establecemos rutinas como madre, serán otros los agentes externos quienes nos impondrán las tareas imposibles de cumplir o, cuando sí, extenuantes.

El cine ha llevado a la pantalla esta realidad con la película Bad Moms (Malas Madres) una parodia de la realidad que, más allá de las exageraciones que impone el cine, sí planteó en su momento el debate entre la realidad de ser madre y la exigencia de ser la perfección social de serlo. Cuando esta exigencia no necesariamente cubre las necesidades de los hijos, sino los clichés sociales que impone un modelo ficticio y banal.

¿Cuál es nuestro deseo? Lograr que nuestros hijos sean personas autónomas, que crezcan con confianza, seguridad, en un entorno saludable emocional y físicamente, y que tengan la capacidad de vivir con su madre y su padre, según el modelo de familia que corresponda, sin más exigencias que desarrollar en un ambiente de amor, no de impostura. Por eso, hay que escapar de todo lo que suponga someter a la madre a un sistema de maternidad culpable.

Todo lo contrario, el bienestar de ambos, de madre e hijo/a, tiene que ver mucho con esa maternidad sin culpa hacia la que debemos tender y sobre la que debemos gran parte de nuestros esfuerzos. Sin duda, hay mucha literatura y se ha escrito mucho sobre la figura de la ‘mala madre’. Que, básicamente, es la ruptura de la figura femenina clásica donde la mujer renuncia a ella misma para darse a sus hijos e hijas y – sin darse cuenta – al resto del entorno familiar y social.

Todo lo contrario: de mujeres empoderadas, de madres que se cuidan, niños y niñas que se valoran, autónomos y emocionalmente saludables. Ser madre – faceta maravillosa donde las haya en la vida – tiene que ver con la alegría de vivir una experiencia que se extiende a lo largo de toda la trayectoria vital, pero que no debe significar enterrarse en vida. Ser madre sin sonreír por agotamiento, puede ser un síntoma de fracaso. Las exigencias de cada circunstancia vital y persona son diferentes – bien es cierto – pero debemos hacer el esfuerzo como sociedad y como individuo de generar ambientes y sistemas donde la madre no debe sacrificarse en la crianza, sino disfrutarla.

 

Y las madres no debemos caer en la trampa de la perfección. Si acaso, busquemos nuestra propia perfección, no la impuesta por terceros.

 

 

 

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