Durante muchos años, las altas capacidades se han asociado a la imagen del «niño genio» que se refleja en excelentes notas, facilidad para todas las asignaturas y un talento evidente desde edades muy tempranas

Sin embargo, los especialistas coinciden en que esta visión está muy alejada de la realidad

 

Según la Asociación Española de Superdotación y Altas Capacidades (AESAC) las altas capacidades intelectuales no se definen únicamente por un cociente intelectual elevado, sino también por características como la creatividad, la curiosidad, la rapidez de aprendizaje o la capacidad para establecer relaciones complejas entre conceptos. De hecho, dos niños con altas capacidades pueden ser completamente diferentes entre sí.

 

Mito 1: «Los niños con altas capacidades siempre sacan buenas notas»

 

Probablemente sea el mito más extendido y, al mismo tiempo, uno de los más perjudiciales.

La realidad es que un alto potencial intelectual no garantiza un alto rendimiento académico. La revista científica Pediatría Integral señala que algunos alumnos con altas capacidades pueden presentar bajo rendimiento escolar, pérdida de motivación o incluso fracaso académico cuando el entorno educativo no responde a sus necesidades de aprendizaje.

Muchos de estos niños aprenden más rápido que sus compañeros, necesitan profundizar en determinados temas o requieren mayores retos intelectuales. Cuando esto no ocurre, pueden aparecer aburrimiento, desinterés o desconexión con la escuela.

 

Mito 2: «Las altas capacidades son lo mismo que ser un genio»

 

Las altas capacidades no son sinónimo de genialidad ni implican destacar en todas las áreas.

La Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap) explica que existen perfiles muy diversos dentro de las altas capacidades: desde niños con una elevada capacidad intelectual global hasta otros que presentan talentos específicos en áreas concretas como las matemáticas, el lenguaje, la música o el razonamiento espacial.

Por este motivo, el término «superdotado» se utiliza cada vez menos en favor del concepto más amplio de «altas capacidades intelectuales».

 

Mito 3: «No necesitan apoyo porque ya van por delante»

 

Otro error frecuente es pensar que estos niños no necesitan ayuda porque poseen más recursos intelectuales que la media. Sin embargo, diversos organismos especializados insisten en la importancia de ofrecerles una respuesta educativa adaptada a sus necesidades. La identificación temprana no busca etiquetar al menor, sino comprender mejor su forma de aprender y facilitar su desarrollo integral.

La falta de estimulación adecuada puede generar frustración, desmotivación o problemas de autoestima, especialmente cuando el niño siente que no encaja o que debe ocultar sus intereses para integrarse socialmente.

 

Mito 4: «Las altas capacidades solo afectan a la inteligencia»

 

Las altas capacidades no son únicamente una cuestión cognitiva. Según la AEPap, muchos niños con altas capacidades presentan también una elevada sensibilidad emocional, un fuerte sentido de la justicia, gran empatía o una intensa preocupación por cuestiones morales y sociales desde edades tempranas.

Además, los especialistas describen con frecuencia el fenómeno de la disincronía evolutiva, es decir, un desarrollo intelectual muy avanzado acompañado de una madurez emocional propia de su edad cronológica. Un niño puede ser capaz de comprender conceptos complejos sobre el universo o la muerte y, al mismo tiempo, experimentar dificultades para gestionar la frustración o resolver conflictos cotidianos.

 

Mito 5: «Son fáciles de detectar»

 

La realidad es precisamente la contraria. La detección de las altas capacidades continúa siendo uno de los grandes retos educativos y sanitarios. Muchos menores pasan desapercibidos durante años, especialmente las niñas o aquellos que presentan otras condiciones asociadas, como TDAH, dislexia o trastornos del aprendizaje. Los especialistas conocen esta situación como doble excepcionalidad.

¿Qué señales pueden hacer sospechar de unas altas capacidades? Aunque cada niño es diferente, algunos indicadores frecuentes son:

  • Aprendizaje rápido y autónomo.
  • Gran capacidad de memoria.
  • Curiosidad intensa y preguntas complejas para su edad.
  • Amplio vocabulario precoz.
  • Intereses muy específicos y profundos.
  • Elevada creatividad e imaginación.
  • Sensibilidad emocional intensa.
  • Preferencia por relacionarse con niños mayores o adultos.

 

La importancia de una detección temprana

 

Detectar las altas capacidades no significa poner una etiqueta, sino comprender mejor las necesidades de cada niño y ofrecerle las herramientas adecuadas para desarrollar todo su potencial. Como recuerda la Asociación Española de Pediatría, el objetivo no es únicamente favorecer el rendimiento académico, sino también cuidar el bienestar emocional, social y personal del menor.

Comprender las altas capacidades implica abandonar los estereotipos y reconocer que detrás de cada niño existe una manera única de aprender, pensar y relacionarse con el mundo.

 

 

 

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