Para un niño con Trastorno del Espectro Autista (TEA) o Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), septiembre supone mucho más que volver al colegio.
Nuevos profesores, compañeros diferentes, cambios de aula y de horarios, nuevas normas, una mayor exigencia académica… A todo ello se suma tener que recuperar muchas de las rutinas que durante el verano se han relajado.
Durante las primeras semanas pueden aparecer más irritabilidad, cansancio, rechazo a determinadas actividades, dificultades para dormir o una mayor desregulación emocional. Entender qué está ocurriendo nos ayuda a acompañar mejor al niño y a no interpretar determinadas conductas como falta de interés, desobediencia o poco esfuerzo.
Por ejemplo, un niño que durante el curso anterior entraba al colegio sin dificultad puede empezar septiembre diciendo que no quiere ir, que le duele la barriga o enfadándose cada mañana al vestirse. Antes de interpretar esa reacción como una negativa a ir al colegio, conviene preguntarnos qué puede estar generándole ese malestar.
El cerebro necesita volver a adaptarse
Durante las vacaciones los horarios suelen ser más flexibles, hay más tiempo de ocio y desaparecen muchas de las rutinas que organizan el día a día. En niños con TEA o TDAH, volver a una estructura mucho más marcada requiere un proceso de adaptación.
El neuropediatra Manuel Antonio Fernández, especialista en TDAH y TEA y director del Instituto Andaluz de Neurología Pediátrica (INANP) en Sevilla, señala la importancia de conservar durante el verano algunos puntos de referencia, como los horarios de sueño, las comidas o la medicación cuando exista una pauta médica. Si estos hábitos se han modificado durante las vacaciones, recuperarlos de manera progresiva antes de comenzar el curso puede hacer más sencilla la transición.
No podemos esperar que el primer día de colegio el niño vuelva automáticamente al ritmo que tenía en junio. Su cerebro también necesita tiempo para reajustarse.
Para muchos niños con TEA, además, saber qué va a ocurrir les da seguridad. Conocer quién será su profesor, dónde estará su clase, qué horario tendrá o qué cosas van a cambiar puede reducir mucho la incertidumbre.
Imaginemos que el curso pasado su clase estaba en la primera planta y este año está en otra zona del colegio, tiene un tutor nuevo y además ha cambiado de sitio en el comedor. Para un adulto pueden parecer cambios pequeños, pero para un niño con TEA pueden suponer varias situaciones nuevas que tiene que procesar al mismo tiempo.
La Asociación Nacional de Autismo España recomienda preparar la vuelta con antelación y utilizar recursos como apoyos visuales, calendarios o historias sociales. Explicar los cambios de forma clara y progresiva puede ayudar al niño a construir una idea más concreta de lo que va a encontrarse.
En los niños con TDAH pueden aparecer otras dificultades. Después de varias semanas con mayor libertad de movimiento y menos demandas de atención sostenida, regresar a un entorno en el que tienen que permanecer sentados, seguir instrucciones, organizar tareas y controlar impulsos supone un esfuerzo importante para sus funciones ejecutivas.
Podemos verlo en situaciones muy habituales. Llega a casa sin haber apuntado los deberes, olvida un libro, empieza una tarea y se levanta varias veces o necesita que le repitamos una instrucción que acabamos de darle. Estas conductas pueden aumentar al inicio de curso mientras vuelve a adaptarse a las demandas escolares.
Algunas conductas que vemos durante las primeras semanas pueden tener mucho más que ver con este esfuerzo de adaptación que con una falta de voluntad.
¿Cómo pueden ayudar las familias?
Recuperar los horarios de manera gradual, hablar con el niño sobre cómo será el nuevo curso, anticipar los cambios y mantener cierta estructura en casa son buenos puntos de partida. También es importante mantener una comunicación fluida con el centro educativo para detectar posibles dificultades y actuar de forma coordinada.
En niños con TEA podemos apoyarnos en agendas visuales, calendarios, fotografías o historias sociales que les permitan anticipar lo que ocurrirá.
En niños con TDAH suele ayudar dividir las tareas en pasos más pequeños, dar instrucciones breves y claras, establecer rutinas visibles y evitar acumular demasiadas indicaciones al mismo tiempo. También debemos dejar espacio para escuchar. Preguntar cómo ha ido el día, qué le ha resultado difícil o qué le preocupa puede darnos mucha más información que preguntar únicamente por las tareas o las notas.
En un niño con TEA o TDAH, la adaptación puede necesitar más tiempo y más apoyos. Su manera de procesar los cambios, organizarse, regular sus emociones o responder a las demandas del entorno puede hacer que septiembre sea especialmente intenso.
Respetar ese proceso no implica bajar las expectativas. Implica observar qué necesita el niño, ajustar los apoyos y darle tiempo para recuperar su equilibrio. Si durante las primeras semanas el malestar se mantiene, aumenta o empieza a interferir de forma importante en su vida familiar, escolar o social, puede ser recomendable consultar con un profesional.
En Instituto Alcaraz trabajamos con niños y familias con TEA y TDAH para comprender sus necesidades y ofrecerles herramientas adaptadas a cada etapa.

