En algún momento de sus vidas, nuestros niños y niñas dirán: ‘No puedo’.

Entonces tendremos que detenernos a observar si se trata de una dificultad puntual ante un reto concreto o si, por el contrario, ese mensaje se prolonga en el tiempo y se convierte en una barrera o en una respuesta habitual que el menor repite como un mantra frente a situaciones cotidianas.

 

Es cierto que cualquiera de nosotros, en algún momento, se rinde verbalmente y expresa un ‘no puedo’. Sin embargo, cuando esta expresión es persistente en los menores, puede estar revelando mucho más de lo que aparenta.

Este bloqueo suele ser, en realidad, una incapacidad fingida: una forma de protegerse ante retos nuevos que aún no dominan. Intentarlo y no lograrlo puede generar frustración, sensación de fracaso, vergüenza o incluso ira. Para evitar estas emociones, el niño opta por una rendición preventiva y recurre al ‘no puedo’ como respuesta anticipada al posible fracaso. No obstante, no podemos interpretar ni afrontar de la misma manera esta reacción en un niño de tres años que en un adolescente; nuestra actitud debe ajustarse siempre a su edad y a su nivel de desarrollo.

En cualquier caso, conviene evitar la respuesta más inmediata y habitual: acudir al rescate y hacer la tarea por él. Aunque parezca una ayuda, en la mayoría de las ocasiones no es la mejor opción. Acompañar, apoyar y orientar resulta mucho más beneficioso que fomentar la dependencia y limitar su autonomía.

Los expertos recomiendan calibrar adecuadamente el nivel de exigencia en función de la edad del menor. Si se trata de tareas acordes a su desarrollo —como las rutinas básicas de higiene, alimentación o vestirse—, lo adecuado es animarle y reforzar el mensaje contrario al bloqueo inicial: ‘Puedes y podrás’.

Es fundamental evitar la censura, las comparaciones con otros niños o los reproches. Conviene explicarle que todas las personas tienen facilidades para unas cosas y dificultades para otras, y acompañarlo durante el proceso. Hay que animarlo a seguir intentándolo, ya que la práctica es la mejor vía para desmontar ese ‘no puedo’ inicial. El objetivo es ayudarle a comprender que el aprendizaje es un proceso que se desarrolla con el tiempo y que siempre comienza con una fase de desconocimiento e incapacidad, superable gracias al esfuerzo y la constancia. En este sentido, transformar el ‘no puedo’ en un ‘no puedo todavía’ resulta clave, ya que introduce una expectativa de progreso y refuerza su confianza.

La dificultad que siente al abotonarse un abrigo, aprender a atarse los cordones o enfrentarse a cualquier otra tarea es parte natural del aprendizaje, y así debemos transmitírselo. Es nuestra responsabilidad generar un clima de confianza, tanto en sí mismo como en su entorno: un espacio en el que no se sienta juzgado ni censurado, donde cada intento cuente y los errores se entiendan como piezas necesarias del engranaje que conduce al éxito.

 

 

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