Estamos ante una de las situaciones más complejas, tanto para adultos como para los niños y niñas.

El Trastorno por Estrés Postraumático (TEPT) es un problema de salud mental que puede derivar en otros como las fobias paralizantes, dificultades de relación personal y social, o generar depresión u otras enfermedades mentales.

 

La ayuda y el apoyo familiar son básicos en los casos de estrés postraumáticos, pero se debe recurrir a profesionales de manera inmediata para abordar esta cuestión, antes de que enquiste en un problema de mayor envergadura.

Son múltiples las causas que generan el estrés postraumático, generalmente por sufrir o presenciar una experiencia dolorosa, peligrosa o traumática. Una catástrofe natural, un accidente de tráfico, el ataque de un animal, ser víctima de abuso sexual o la muerte repentina de un familiar puede bloquear a los menores, son algunas de las circunstancias que lo pueden generar. En estos casos es fundamental la valoración profesional inmediata y su tratamiento adaptado a la edad del menor.

Pero no todo está en manos de los profesionales, el círculo íntimo es de gran ayuda. Primero debemos entender que el Estrés Postraumático se manifiesta de diferente manera en cada uno de los casos. De hecho, podemos decir que hay tantos casos peculiares como personas. A modo de ejemplo, se dice que Lady Gaga sufre TEPT como consecuencia de una violación; a Ariana Grande se le atribuye tras el atentado en el concierto de Manchester en 2017; a Jennifer Aniston se lo causó su divorcio con Brad Pitt. El príncipe Harry de Inglaterra lo ha vinculado a la muerte en accidente de tráfico de su madre, Diana de Gales; o deportistas como Andrés Iniesta y Ricky Rubio lo sufren por circunstancias diferentes cada uno de ellos. La causa del estrés postraumático es lo de menos, la cuestión es hacer frente a sus consecuencias y atenderlos de manera personalizada y adaptada a su realidad y necesidades. Con los niños y niñas que lo sufren, igual.

El entorno familiar de un menor con estrés postraumático es el encargado de hacerle sentir que no está solo, que puede sentirse seguro y protegido. Que los hechos del pasado no se repiten en el futuro y que es posible superar esa situación de dolor o miedo que siente. Hay que generar un ambiente relajado, donde sea posible disfrutar de lo cotidiano, jugar, gozar con la música, con otros amigos, de la naturaleza, el deporte… Es importante fortalecer esos lazos emocionales con los miembros de la familia, con sus amigos y generar conexiones de confianza con otras personas, como el profesorado.

Desde luego, para que el menor se sienta acompañado no hay que minimizar su problema, ni la experiencia vivida, y asegurar un entorno comprensivo a su realidad vivida.

En la mayoría de ellos se manifiesta con síntomas que afectan al sueño, al estado nervioso, a la irascibilidad o pueden sumergirse en un estado de miedo o tristeza muy profundo. Su reacción pasa por evitar situaciones similares, espacios que le recuerden ese momento, personas o situaciones.

Un tratamiento adecuado y la ayuda familiar permiten ir superando este estrés postraumático, aunque en muchos casos puede ser tras un periodo largo y dilatado en el tiempo. La paciencia y el trabajo constante de apoyo son importantes para superarlo. El trastorno por Estrés Postraumático tiene mil caras, pero también miles de soluciones. Como en muchas de las circunstancias, la comprensión y el amor son la mejor cura para quienes lo sufren.

 

 

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