Cuando pensamos en ansiedad infantil, solemos imaginar a un niño preocupado, nervioso o con miedo. Sin embargo, en la infancia la ansiedad no siempre se manifiesta de forma evidente.

En muchas ocasiones aparece disfrazada de irritabilidad, rabietas, oposición o dificultades de comportamiento, lo que puede llevar a interpretarla erróneamente como «mal comportamiento».

 

La Asociación Española de Pediatría (AEP) señala que las manifestaciones de la ansiedad varían bastante según la edad, el desarrollo y la capacidad del niño para expresar lo que siente. De hecho, muchos menores no son capaces de identificar o verbalizar su malestar emocional, por lo que este termina apareciendo a través de su conducta o de síntomas físicos.

 

«No quiere ir al colegio»

 

Uno de los ejemplos más frecuentes es el rechazo escolar. Un niño que llora cada mañana, se queja de dolor de barriga antes de salir de casa o se niega a entrar en clase puede estar experimentando ansiedad y no simplemente intentando evitar sus responsabilidades. La Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap) explica que muchos niños con ansiedad expresan su malestar a través de síntomas físicos o excusas aparentemente banales para evitar aquellas situaciones que les generan miedo o inseguridad.

 

Enfados, rabietas o dificultades de atención

 

La ansiedad no siempre se traduce en tristeza o preocupación. Emociones como la irritabilidad, el enfado y los cambios bruscos de humor son manifestaciones frecuentes de ansiedad en la infancia. En ocasiones, el niño puede responder con gritos, discusiones o conductas desafiantes porque se siente sobrepasado por emociones que todavía no sabe gestionar ni expresar adecuadamente.

Detrás de algunas explosiones emocionales puede existir una acumulación de tensión, miedo o preocupación. Conductas como las rabietas intensas, las discusiones constantes o incluso la agresividad pueden ser intentos del niño de escapar de situaciones que le generan ansiedad o de recuperar una sensación de control. Algunos niños ansiosos parecen distraídos, desconectados o incapaces de concentrarse en clase. Esto puede confundirse fácilmente con falta de interés o incluso con otros trastornos del neurodesarrollo.

La ansiedad puede afectar significativamente a la atención, el rendimiento académico y la participación escolar, especialmente cuando las preocupaciones ocupan gran parte del pensamiento del menor.

 

Dolores de barriga, de cabeza o cansancio frecuente

 

Cuando más pequeños son, la ansiedad habla muchas veces a través del cuerpo. La AEP recuerda que los síntomas físicos son una de las formas más habituales de presentación de la ansiedad infantil y pueden incluir dolor abdominal, cefaleas, náuseas, cansancio o problemas de sueño sin una causa médica aparente.

Dicha asociación también destaca que las somatizaciones son una de las manifestaciones más frecuentes del malestar psicológico en niños y adolescentes. Entre ellas, pueden aparecer las dificultades para conciliar el sueño, despertares nocturnos frecuentes, pesadillas o la necesidad constante de dormir acompañado pueden ser también señales de ansiedad. Especialmente, la ansiedad por separación como una de las causas más frecuentes de alteraciones del sueño durante la infancia.

 

¿Cuándo conviene consultar con un profesional?

 

Todos los niños sienten miedo, nervios o preocupación en determinados momentos. Estas emociones forman parte del desarrollo normal. El problema aparece cuando la intensidad, la frecuencia o la duración de estos síntomas interfieren en la vida diaria del menor, afectan a su bienestar o limitan sus actividades habituales.

La Asociación Española de Pediatría recomienda solicitar una valoración profesional cuando las preocupaciones, los síntomas físicos o los cambios de comportamiento persisten en el tiempo o generan un impacto importante en la vida familiar, social o escolar del niño.

Muchas veces, detrás de un menor que se muestra irritable, desafiante o que parece «portarse mal» puede existir inseguridad o una ansiedad que todavía no sabe expresar con palabras.

Como recuerdan los especialistas, comprender qué hay detrás de la conducta es el primer paso para poder ayudar. A veces, lo que parece desobediencia es simplemente una forma de pedir ayuda en un lenguaje diferente.

 

 

 

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